El heredero

Erwin Lechuga

5/2/20262 min read

Pasan los días y cada vez se acerca más la hora de elegir al nuevo presidente de los colombianos para el período 2026-2030. Las encuestas reflejan la tendencia que será el candidato de la izquierda quien posiblemente se lleve el triunfo y así darle continuidad a una propuesta política de ¨cambio¨.

Sin mayor esfuerzo, el aspirante de izquierda a la primera dignidad del Estado colombiano, impregnado de una superioridad moral con la que desprecia contrincantes, leyendo discursos en plaza pública, evitando el debate, señalando a la derecha de estar detrás de la desquiciada violencia desatada en el país a manos del terrorismo, impulsando una nueva asamblea constituyente para refundar el Estado, avanza sin contratiempos.

Como se ven las cosas, queda la impresión que no hay contendiente que se le atraviese a la victoria cantada de un personaje cuyo mayor logro expuesto por él mismo, fue haber encarcelado a un expresidente colombiano, como si el país pasara solamente por ahí.

El país está en crisis, las cuentas de las finanzas públicas no cuadran, el orden público está en desorden, la corrupción es el desayuno, el almuerzo y la cena del pueblo colombiano, la salud hace mella en la vida de los pacientes, los territorios están abandonados por el gobierno central, razones más que suficientes para no advertir la necesidad que se conozcan por parte del electorado, las propuestas que traerán los candidatos a la presidencia de Colombia.

La conmemoración del día del trabajo el pasado 1 de mayo en Colombia dejó algo muy claro, el líder de la galaxia y su candidato, pretenden en un próximo gobierno de izquierda cambiar la Constitución Política para diseñar un Estado a su medida y a sus pretensiones de perpetuarse en el poder, aquí no se está disputando el bienestar de una nación, es el poder y lo que pueden hacer con él lo que les interesa.

Resulta paradójico que cuando la izquierda se mantenía en la oposición, les asqueaban las conductas corruptas de quienes detentaban el poder y lo vociferaban hasta en la luna, siendo gobierno, cambian manuales de funciones, contratan a dedo, se roban los recursos públicos, violentan mujeres, asesinan líderes sociales, hay masacres, se ridiculizan las denuncias públicas de corrupción, se defienden bandidos, se protegen corruptos, sin embargo, como lo hacen ellos o sus aliados, ya no les importa, simplemente se hacen los de la vista gorda.

El Estado colombiano no necesita una nueva Constitución Política para que funcione, demanda servidores públicos capaces, comprometidos con la misión que les asigna la función pública, que consiste en satisfacer las necesidades básicas de la población colombiana, por eso el candidato de izquierda no es opción, es suicidio.

Nota: Este es un escrito para aquellos quienes están dispuestos a renunciar a ideologías políticas y deciden mantenerse distantes de la idolatría hacia ciertos personajes de la política colombiana.