Mercaderes

Erwin Lechuga

1/25/20262 min read

Bien saben que soy candidato al Senado en estas elecciones de 2026 en un escenario político demandante no solo por el alto flujo de candidatos, sino por la polarización política por la que atraviesa este país.

Mis condiciones para hacer campaña no son las mejores, de hecho me resultan bastante extremas, pero aquí estoy, no renuncio a ver mi país convertido en un lugar donde se pueda vivir en paz, en el que se respire la prosperidad y puedas salir sin miedo a que un día te suiciden.

Con la experiencia acumulada de hace cuatro años, sabía que no demoraría mucho en ser contactado por personas con ofrecimientos de diferentes tipos, bastaba la difusión de las propuestas de campaña para verlos aparecer de la nada con ofertas de marketing político.

En este punto debo ser claro, alrededor de las campañas políticas rondan todo tipo de personajes y situaciones que vale la pena no dejar de mencionar para hacer una reflexión, porque constituyen una visión del ejercicio político bastante cuestionable que convierte la política en una actividad reprochable.

Y me refiero particularmente a quienes he denominado ¨los mercaderes¨, que son personas dicen tener miles de votos y que pueden ser colocados a disposición de un candidato a cambio de algún beneficio por lo general económico.

A la campaña me llegó el primero vía red social, se identificó como un habitante de un departamento con amplias condiciones de pobreza y me ofreció 2000 votos, que estos estaban a mi disposición y que yo decidiera, por supuesto, no di ningún tipo de respuesta.

Así como puede ser una gran estafa, también es cierto que hay personas dedicadas a una actividad de compra y venta de conciencias que avasallan cualquier intención de voto limpio, condenando a amplios sectores de la población a nadar en la miseria.

Los mercaderes no tienen moral, su pretensión de lucro inmediato, los lleva a vivir en el corto plazo a una efímera fluidez monetaria para luego caer en las garras de la escasez, su voraz egoísmo encadena a la sociedad cada cuatrienio a pésimos gobiernos y corruptos dirigentes, que como sanguijuelas, desangran las arcas del Estado.

Cada vez que el ciudadano renuncia a ejercer su derecho al voto y se abstrae de pensar críticamente, le da espacio a estos espectros de la democracia que perpetúan la corrupción y atornillan bandidos en posiciones de poder.

Mientras un gran número de personas se abstienen de participar políticamente en las elecciones configurando el abstencionismo, esa minúscula proporción de nefastos actores terminan metiéndonos políticos que ni en chiste querríamos, porque más les ha alcanzado la pereza y el abandono que las ganas de construir un pais.

Pasaron cuatro años y la forma de hacer política sigue siendo igual, nada ha cambiado, los mismos vicios, los mismos jugadores, las mismas trampas, pero siempre habrá una oportunidad para transmutar el veneno en vino, por eso, que estas elecciones de 2026, sea la oportunidad para que usted pueda hacerlo.

Comprométase con Colombia, su país lo necesita.